HISTORIA
DEL SANTUARIO
1. EL PROYECTO
Apenas llegados los franciscanos a Chipiona acariciaron
la idea de un templo nuevo. La antigua ermita de 16x4
metros resultaba insuficiente para el número creciente
de peregrinos y para una comunidad de más de 80
frailes.
El Padre Antonio Medina, en 1899,
el día de fiesta de la Virgen comunicó a
los fieles el proyecto. La noticia se recibió con
un aplauso atronador. Salvadas no pequeñas dificultades,
tres años después, en P. José Escolá
decidió resucitar el viejo sueño.
Comenzó la recogida de donativos.
El primero de todos fue el de D. Sebastián Herrero,
arzobispo de Valencia, quien donó su pectoral y
anillo y, siendo cardenal, la cantidad de 35.000 pesetas.
Los gastos del camarín fueron costeados, en parte,
por los infantes de Orleáns. También se
organizaron colectas en Sevilla, Cádiz, Jerez,
Rota, El Puerto, Sanlúcar, Chipiona y otras poblaciones.
El total de las lismonas recogidas rondó las 100.000
pesetas.
2. DEMOLICIÓN EL
SECULAR SANTUARIO
El derribo costó 5.000 pesetas, comenzó
el 17 de mayo de 1904. En Septiembre ya estaba listo el
solar. El convento se llenó de puertas, ventanas
y todo tipo de materiales. El cronista refiere una escena
jocosa: “se amarraron gruesas maromas al campanario,
todos los obreros tiraban con energía, pero en
vez de rodar la espadaña, se vio una ristra de
hombres colgados de la cuerda como si fueran chorizos”.
En un segundo intento se rompió y todos quedaron
tendidos en el suelo. A la tercera fue la vencida.
3. UN SUEÑO HECHO
REALIDAD
El 30 de Octubre de 1904, finalizó la
Eucaristía, el notario D. José Badanelli
leyó la acta oficial y, tras su bendición,
se colocó la primera piedra a metro y medio de
profundidad, debajo del manifestador.
Los planos fueron diseñados por Fr. José
María Rodríguez, que dirigió también
las obras. La dirección técnica y legal
la llevó D. Antonio Arévalo, arquitecto
municipal de Sanlúcar. A Fr. Baldomero González
se le encomendó la contabilidad. Para la albañilería
se contrataron a los maestros Diego Rodríguez y
Manuel Ruiz, que actuaban de contratistas. La carpintería
se le confió a Manuel Mudarra y Manuel Pozo. Muchos
trabajadores de campo entraron el la obra como peones
de albañilería, entre los que destacaron
pronto los hermanos Joaquín, Manolo y Pepe Jurado.
Los materiales se adquirieron en los almacenes de Pedro
y Manuel Fernández Palacios, quienes concedieron
a Fr. José Mª. Amplísimas facilidades,
además regalaron la madera de la sillería
del coro. Los ladrillos para los pilares y arcos. Se compraron
en Huelva. El cemento procedía de las fábricas
de Portlan y de Lafarge. continua
Fr. Baldomero, que contemplaba
con admiración aquel hormiguero de trabajadores
disciplinados y entusiastas, resume el ingente trabajo
en unas líneas: “Duraron las obras del grueso
del edificio desde el 30 de Octubre de 1904 hasta el 14
de Enero de 1906, ñeque el templo de puro estilo
gótico se abrió solemnemente al culto”.